Intento buscar una metáfora para poder empezar hoy explicar la vinculación entre lo manifestado y lo oculto, y me doy cuenta que lo tengo delante de mis ojos desde el mismo momento que nací, nací delante del mar, justo en primera línea, y su misterio siempre me acompaña, ofreciéndome las respuestas ocultas que tanto anhelo.
El mar...
tan maravilloso y místico a la vez, tan grande y profundo como nuestras almas, tan energético y poderoso como nuestra existencia.
La superficie de éste es lo manifiesto; su profundidad es la profundidad interpretativa; y lo oculto es lo que está más allá.
Estos pares nos indican que la supercifie es información, que la profundidad es la formación, y que el plano oculto es la transformación, ocurriendo en la misma sustancia ( en mi metáfora, el agua).
Cuando uno dirige su mirada al mar, lo que está viendo es la superficie, no lo profundo ni lo oculto, aunque implícitamente allí están. Por eso se dice que lo manifestado revela lo oculto, estos planos no són geográficos; son niveles de conciencia, pues donde un ser humano está, allí están todas las dimensiones.
Todo es uno, y uno es todo
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